Dos caras de una misma historia – Parte I

22 de marzo de 2019. El Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza regresan a la que fue su sede canónica durante más de 4 siglos -la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán- con ocasión de las reformas previstas en el camarín de la Basílica. Esta circunstancia devolverá a los malagueños una estampa histórica, algo que no se repetía desde 1988. Los titulares de la Archicofradía perchelera residirán los próximos meses en su histórica capilla, la del antiguo Convento Dominico; un binomio histórico de casi cinco siglos.

Para la elaboración del presente artículo hemos tenido en cuenta las aportaciones del libro «Esperanza Nuestra», obra de varios autores entre los que podemos destacar a Carlos Ismael Álvarez García, Lola Carrera, Agustín Clavijo o Garrido Moraga; y propiedad de la Archicofradía del Paso y la Esperanza. Dicho libro es resultado de un arduo proceso de investigación y documentación que ha servido de gran ayuda para la elaboración de este reportaje.

Nacimiento de la Hermandad

En 1274 el Papa Gregorio X promulgó una Bula en el XIV Concilio Ecuménico que obligaba a tener especial devoción por el Dulce Nombre de Jesús. En ese mismo año el Superior General de la Orden de los Dominicos, Fray Juan de Vercellil, recibió de Roma la “Constitución Numperim”. El mandato obligaba a la Orden a venerar el Dulce Nombre de Jesús en todos sus templos y establecer un altar dedicado a este propósito.

En 1494, siete años después de la reconquista de Málaga por los Reyes Católicos, la Orden de los Dominicos se instaló en la ciudad. Dicha Orden recibió por parte de los RR.CC. unos terrenos en el margen del río Guadalmedina y de la Ermita de Santa María de las Huertas. Sobre esa ermita los dominicos fundaron el Convento de Santo Domingo y San Carlos y a principios del siglo XVI, se amplió hasta convertirse en una iglesia de tres naves de estilo gótico-mudéjar.

En 1561, encontramos la primera referencia de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús. El Papa Pío IV emite una bula en referencia a esta cofradía, lo que nos hace suponer que la fundación de la misma es anterior a esta fecha. A pesar de todo, no sería hasta 1606 cuando se constituirán sus primeras reglas oficiales.

No se conoce con exactitud la fecha en que se fundó la Cofradía de “El Moreno´”, pues a lo largo de la historia se han perdido valiosos documentos y tomos en los que se narraba el devenir histórico y el día a día, no solo de esta cofradía, sino de todas aquellas que tuvieron su sede en el Convento Dominico. En parte, debido a las venidas y desavenidas del río Guadalmedina, la ocupación francesa o la quema de conventos entre otras. Sin embargo, sí hay constancia de que la primera capilla del Convento fue ocupada tanto por el Dulce Nombre de Jesús como por la Virgen del Rosario, si bien ninguna de las dos tallas primitivas son las que han llegado a nuestros días. Este altar, sitaba en la nave de la epístola del convento, aquella nave que colinda con el Guadalmedina, en concreto en el muro donde hoy día se abre la puerta de entrada a la capilla de la Stma. Virgen del Rosario.

El origen de la ferviente devoción de Málaga por el Moreno podemos situarla en torno al año  1597, si bien la imagen ya gozaba de gran popularidad en su barrio del Perchel. En dicho año, se produjo una importante crecida del río Guadalmedina que afectó gravemente a la parte baja de la ciudad. Cuando el agua llegó a Santo Domingo alcanzó hasta las dos varas de altura (algo más de 1.5m), ocasionando importantes pérdidas. Cuando el agua llegó al altar del Nazareno del Paso, ésta formó un declive y no pasó del basamento sobre el que se alzaba la imagen que quedó intacta, no así el resto de altares e imágenes que sufrieron daños por la riada. Por toda Málaga corrió el rumor de lo acontecido y pronto la gente comenzó a hablar de “El Milagro del Moreno”, lo cual le granjeó aún más devoción entre la gente o como cuentan las crónicas: “haciéndose toda Málaga del Moreno”.

En 1609 se produce la primera salida procesional del Nazareno y la primera representación de “El Paso”. En la Plaza de las Cuatro Calles se escenificaba el encuentro entre Jesús y su Madre, frente a las imágenes de la Verónica y San Juan, todos ellos lujosamente vestidos, y que concluía con la Bendición del Nazareno al pueblo congregado en la plaza. Este acto poco tenía de la solemnidad a la que la bendición nos tiene acostumbrados, tanto es así que, con el devenir de los tiempos, varios Obispos prohibieron la representación de “El Paso” por el desorden público que esta ocasionaba; reyertas por estar en primera fila, duelos con espada, pleitos y otro sinfín de infortunios característicos de aquellos eventos que mueven en masa a la población.

El 16 de junio de 1641 nace la Hermandad de los 72 Discípulos de la Madre de Dios de la Esperanza. Separada de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, con Juntas de Gobierno totalmente diferentes, aunque se especificaba que la imagen de la Señora acompañaría al Nazareno en su discurrir por las calles malagueñas en la madrugada del Jueves al Viernes Santo.

De aquellos primeros años tras la fundación de la Hermandad de la Esperanza, aún se conserva el inventario del ajuar que en 1647 poseía la Virgen de la Esperanza: manto verde bordado en oro, manto azul de estrellas bordado en oro, manto blanco bordado en oro y manto negro; diversas sayas de colores también bordadas en oro y dos coronas, una de hojalata y otra imperial de plata de ley. Con este inventario podríamos abolir la tan repetida sentencia que afirma categóricamente que las dolorosas malagueñas lucían luto estricto hasta ya entrado el siglo XX, pues como podemos comprobar, los colores abundan en la vestimenta de la Virgen de la Esperanza. Quizás, ese luto estricto del que se habla tantas veces, pudiera comprender el periodo entre los años 20 del pasado siglo y la invasión francesa -algo menos de un siglo-. Salvo contadas excepciones, las cofradías malagueñas perdieron todo su patrimonio a manos de los franceses.

Santo Domingo y San Carlos custodian las esquinas del trono de la Esperanza | Arturo Higueras

Crecimiento del Convento

Es precisamente en el siglo XVII cuando el Convento alcanzó su mayor esplendor bajo el Obispado de Fray Alonso de Santo Tomás, hijo ilegítimo del Rey Felipe IV, y la labor de Pedro de Mena, quien elaboró las imágenes de la Virgen de Belén y el Crucificado que decoró el monumental retablo de columnas salomónicas que poseía el Convento, hasta que en los primeros años del siglo XX, sustituyó al primigenio titular de la Hermandad de la Buena Muerte. Comenzando así la corta, pero profunda andadura procesionista del Cristo de Mena.

A finales del S. XVII, entorno al año 1686, se comienza a construir la capilla en la que hoy día se venera la Virgen del Rosario, lo que implicó el derribo del muro donde se alzaba el altar en el que tanto Ella como el Nazareno eran fervientemente venerados, para abrir la puerta de entrada a la nueva capilla. Este acontecimiento, obliga al Dulce Nombre de Jesús a trasladarse a una sencilla y discreta hornacina en el muro donde hoy día se abre la entrada a la histórica capilla del Paso y la Esperanza, donde permanecerá para descontento de sus fieles, algunos años.

Así, en 1718, cediendo a las continuas demandas y críticas de los cofrades del Paso y la Esperanza sobre las insípidas y frías hornacinas en las que se veneraban sus amantísimos titulares, los dominicos donan el terreno de la huerta que se localizaba en el margen del Guadalmedina para la construcción de la  capilla de los titulares, esa que ha llegado a nuestros días. Aunque se desconoce la distribución inicial, conocemos que el Nazareno ocupó el camarín principal de la misma al ser la Cofradía de Jesús anterior a la de la Esperanza. La Señora fue colocada en un retablo de madera situado en el lateral izquierdo de la capilla, sin apenas ornamentación barroca y resguardada por un cristal -muy al gusto de la época-. Justo en frente del mismo, se alzaba un pequeño y artístico retablo dorado en el cual se veneró durante muchos años la antiquísima imagen del Cristo del Perdón, que abandonaría la capilla para ser la imagen titular y primigenia de la Cofradía de la Humillación y Perdón fundada en 1919, ocupando así, la capilla en la que hoy día se venera la imagen que la sucedió tras la quema de conventos.

Las pérdidas del S. XIX

Ya en el siguiente siglo el Convento de Santo Domingo sufriría sus mayores pérdidas. Primero con la invasión de las tropas napoleónicas, quienes saquearon gran parte del patrimonio que allí se guardaba y acabaron con la valiosa biblioteca del convento. Con el expolio sufrido por los franceses, la Archicofradía perdió las imágenes de San Juan y la Verónica, con las que se representaba hasta entonces “El Paso”. Incluyendo el  trono del San Juan, realizado en plata de ley con sus características y sonoras campanitas de plata que se encontraban en las esquinas del cajillo y las costosas ropas de los mismos.

Así, es de resaltar que la Virgen de la Esperanza  perdió todos sus bordados y coronas. Gracias a la intervención de los cofrades, El Moreno conservó tanto su “escandalosamente bordada” túnica de procesión del siglo XVII, como la cruz de procesión del siglo XVIII que se custodiaba en la casa de los Priego, familia que ofreció la plata en la que se labró la cruz allá por el siglo XVIII y que construyeron un altar para la misma en su vivienda. De este altar tan solo era retirada para la procesión del Jueves Santo.

Aún peor fueron las pérdidas sufridas en 1835 con la Desamortización de Mendizábal, pasando el Convento a ser propiedad de la Diputación Provincial para ser usado como hospicio y asilo. Los terrenos fueron divididos y la Orden Dominica expulsada de los mismos; aun así la iglesia siempre se mantuvo abierta al culto. En 1853 el Obispado de Málaga volvió a hacerse con la propiedad de la iglesia convirtiéndola entonces en la Parroquia de Santo Domingo.

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Convento de Santo Domingo en el S. XIX | Cofradía de Dolores del Puente