Dos caras de una misma historia – Parte II

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La quema de conventos

Sería el año 1931 cuando más sufriera la Parroquia de Santo Domingo y las cofradías que allí se encontraban. En la madrugada del 12 de mayo los asaltantes cruzaban el Puente de Santo Domingo para entrar a la iglesia por la Sacristía. Tan solo unos meses antes, se había estrenado tanto la reforma de la capilla, como la nueva distribución de los titulares; uno al lado del otro. La Virgen permaneció en su camarín, como bien se intuye en el libro de la Archicofradía: “Esperanza Nuestra”; mientras que el Nazareno fue resguardado en el sótano de la capilla, lugar al que solo se puede acceder por una pequeña escalinata de caracol que se localiza tras una puerta en el camarín. Los cofrades deciden dejar todo así, pues ven imposible la furia iconoclasta contra sus titulares tras el inmenso fervor despertado hacía tan solo unas semanas en su anual procesión del Jueves Santo, haciéndose eco de sus desfiles hasta los periódicos de la capital española quienes catalogaron a los titulares como “Las joyas Nazarenas de la Ciudad”.

Finalmente, los intentos de los vecinos del barrio por disuadir a los asaltantes fueron en vano y una palanqueta consiguió forzar la puerta de la Parroquia. Mientras los asaltantes se ensañaban a golpes con el Cristo de Mena; Francisco Sánchez Segarra devoto de la Virgen de la Esperanza y con tan solo 16 años, entró en Santo Domingo mientras se encontraba en llamas. Fue directo a la capilla de la cofradía y encontró íntegramente y en el suelo de su camarín a la Virgen de la Esperanza. Consciente, tanto él como su acompañante de que no podían salir de la Parroquia con la Virgen por completo, puesto que serían advertidos y la señora arrojada a las llamas; separó la cabeza de la devanadera, cogió las manos y la corona de la virgen, además de un brazo del Nazareno y algunos dedos que encontró, y cubrieron todo con el manto de camarín verde de la Virgen.

Sánchez Segarra y Ramón Cerrillo escapan de Santo Domingo. Sin embargo, son avistados por los asaltantes que se percatan de que intentan llevarse algo en su huida, por lo que, con los pantalones chamuscados, comienzan a correr como si les fuera la vida en ello hacia calle Cerrojo y al llegar a la droguería que allí sitaba, la cual era regentada por don Jaime Cañedo, escondieron a la Virgen en un barril de carburo. Podemos ver como la valentía se encarnó aquel día en un perchelero de 16 años y su amigo que con gallardía hicieron lo que los cofrades, acongojados, temieron hacer; rescatar su patrimonio religioso.

A las dos semanas de la quema, mientras Sánchez Segarra trabaja, escucha, casi sin quererlo, como su jefe, don Ramón García Guerrero, hermano de la Archicofradía, conversaba con don Julio Gancedo Sáenz, dueño de los almacenes Félix Sáenz donde se había resguardado el palio de la Virgen aquellos tumultuosos días. Ambos, seguían sin saber qué había sucedido tanto con “El Moreno” como con “La Gitana”, como era conocida por aquel entonces la Virgen de la Esperanza. No había rastro de ellos por ningún lado y todos temían que no apareciesen nunca. Aprovechando un momento en el que su jefe se encontraba a solas, Francisco Sánchez Segarra se acercó a este y le dijo que la Señora no se había quemado y que él conocía su paradero. Atónito, su jefe le replicó que si estaba seguro de lo que estaba diciendo, que era algo muy serio. A lo que Francisco le respondió: “Pues claro que estoy seguro. ¡No voy a estar seguro, si la cogí yo!”.

Peor suerte corrió la imagen del Nazareno del Paso, de la cual no se encontró resto alguno, salvo el brazo rescatado por Segarra y la cruz que fue quemada por su custodio en el 36. El perchelero fue el encargado de buscar por la Trinidad alguna pista sobre su paradero, pero nunca más se volvió a saber nada más del Moreno.

Una vez rescatada, la Virgen de la Esperanza, es entregada a Julio Gancedo Sáenz quien la custodia algunas semanas en su casa en la plaza de Mitjana. Tan solo contadas personas sabían el paradero de la Virgen y todos ellos se juramentaron no revelarlo. Tras ser ensamblada en una nueva devanadera, es llevada a la S.I. Catedral de Málaga, donde recibió culto en la actual capilla de San Sebastián. A pesar de todo, se decidió que la imagen no fuera restaurada para que “toda Málaga viera lo que aquellos cafres le habían hecho a la Virgen”´. La imagen presentaba un pequeño golpe en la nariz y labio superior, además de faltarle algunos dedos.

Durante la segunda quema de imágenes vivida en 1936, las viviendas eran registradas  sistemáticamente en búsqueda de material religioso. Así, por el miedo a ser descubierto y por las posibles represalias sobre su familia, un hermano de la Archicofradía quemó tanto el brazo restante del Nazareno, como la Cruz de plata del s. XVIII. Los restos de esta última se encuentran hoy día en la Cruz de Guía de la Archicofradía.

En 1936 se produce un nuevo asalto a la Catedral de la ciudad, donde se encontraba la Virgen de la Esperanza. Precisamente un profesor republicano fue quien volvió a rescatar su cabeza, ocultándola en la sacristía del templo, la cual fue tapiada con numerosas imágenes religiosas en su interior para que no sufrieran daño.

Quema del Santo Domingo en 1931 | Congregación de Mena

El resurgir de la Archicofradía

Tras el conflicto, la Archicofradía comenzaría a reorganizarse. Adrián Risueño fue el encargado de restaurar la imagen de la Virgen de la Esperanza, que volvería a Santo Domingo el 18 de diciembre de 1938. La parroquia aún seguía destruida y en ruinas, aunque la nave de la epístola se había restaurado, así como la capilla de la Archicofradía. Dicho regreso se produjo sobre el trono de la Virgen de los Dolores de Servitas y con un discreto halo de estrellas, sin saya bordada y con manto liso verde de pequeñas dimensiones, ya que la Esperanza había perdido, una vez más, absolutamente todo su patrimonio. Tal fue el contraste entre la Esperanza de los profusos bordados en oro y los mantos de 9 metros y ésta casi desvalida, a la que le habían arrebatado a su hijo -El Moreno-, que la multitud que presenciaba el traslado enmudecía de una forma casi sepulcral al sonido ronco de los tambores. Cuando la Virgen dejó la Alameda para encarar el Puente de Tetuán y volver a su barrio del Perchel tras 7 años de exilio en la Catedral, el rumor de que la Señora volvía se corrió por las calles y no se exagera cuando se afirma que “todo el barrio bajó a recibirla” y el silencio sepulcral se transformó en júbilo y fervor, tal como narran las crónicas. “Y la llamaron guapa, morena preciosa y Reina de las Percheleras, y también le dijeron que mucho la habían echado de menos  en los largos años de su destierro, y que no se fuera de allí… nunca… nunca… que el barrio no había sido su verdugo porque fue un perchelero quien la salvó por primera vez”. Al llegar al desaparecido “Pasaje de la Esperanza” en el que se encontraba la puerta principal de Santo Domingo, “…se fue volviendo de cara a su pueblo, a su barrio, a sus cofrades, a su Málaga. Lo hizo lentamente, en una despedida de amor hacia los que nunca la habían abandonado, hacia aquellos otros que tal vez estaban implorando su perdón”. Y mientras las gargantas enronquecían y los ojos se nublaban, caminó bajo los arcos del templo dominico, hacia su camarín.

La nueva imagen del Dulce Nombre de Jesús, ejecutada por el afamado escultor don Mariano Benlliure, fue terminada en 1935 y llegó a Málaga junto con el Cristo de la Expiración en 1940, siendo bendecida el 13 de marzo de 1940 en la parroquia perchelera.

En 1953 comenzaría la rehabilitación de Santo Domingo bajo el mandato del Servicio Estatal de Regiones Devastadas y la dirección de Enrique Atencia Molina. Pese a todo, en dicho proceso no se pudo reconstruir el antiguo convento, que había quedado en ruinas, siendo posteriormente demolido.

Construcción y traslado a su nuevo templo

En junio de 1970 la Jefatura Regional de Carreteras proyectó la necesidad del ensanche del Pasillo de Guimbarda como acceso para la carretera nacional 331. Este proyecto incluía la expropiación y demolición de las capillas que se encontraban en la nave colindante al río de la parroquia de Santo Domingo. Las malas relaciones entre la Archicofradía y el párroco de la iglesia llevaron a la Junta de Gobierno a plantearse el abandono de la que había sido su sede canónica durante más de cuatro siglos.

Así, la solución que se contempla es el traslado a una nueva sede dentro de El Perchel. En marzo de 1971 la Archicofradía consigue la reserva de la parcela 5-B con una superficie de 660 metros cuadrados. En 1972 se iba a hacer efectiva la compra por un valor de 700.000 pesetas. Esta finca se localizaría en el lugar donde hoy día sita el Corte Inglés. Siendo negociado magistralmente el intercambio de terrenos por otros de mayor tamaño por Ángel Caffarena con el ayuntamiento debido al gran interés que tenía este último en el asentamiento en nuestra ciudad de tan afamados almacenes. Cediendo pues a la presión de la Archicofradía y consiguiendo los terrenos en los que hoy se levantan el Museo-Salón de tronos, la Casa Hermandad y la Basílica, así como el Instituto de la Mujer, también propiedad de la Archicofradía.

La Virgen de la Esperanza en su vuelta a Santo Domingo | Archicofradía del Paso y la Esperanza

Tras más 421 años, el 29 de mayo de 1988, el Dulce Nombre del Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza abandonan Santo Domingo camino de su nuevo templo, precisamente el mismo año en que la titular mariana iba a ser coronada canónicamente.

Una efímera vuelta

En 2016 la Virgen de la Esperanza volvió por unos días a la Parroquia de Santo Domingo con ocasión del 375 Aniversario de la fundación de la Hermandad de los 72 discípulos de la Madre de Dios de la Esperanza. Con motivo de la efeméride, la Stma. Virgen estuvo expuesta en devoto besamanos en su histórica capilla del antaño convento de Santo Domingo el Real, desde el 15 al 18 de Junio.

El próximo 22 de marzo, reinando en España la católica Majestad de Felipe VI y siendo Obispo de Málaga el Excmo. y Rvdmo. Sr. Jesús Catalá Ibáñez, los sagrados titulares de la Archicofradía del Paso y la Esperanza volverán a la que fue su casa y su capilla durante siglos.