Con la cruz en el pecho y el diablo en los hechos

El malagueño medio pertenece a una especie casi extinta que lucha por poner a su ciudad en la vanguardia del mundo y que, a la vez, se declara viudo de lo que su ciudad fue y jamás volverá a ser. Con el paso del tiempo, Málaga se ha convertido en un lugar tan cosmopolita y poliédrico que, a veces, nos olvidamos de proteger lo que es nuestro en pos de convertir a la ciudad en un lugar aún más diverso de lo que es y satisfacer a todos los públicos que puedan disfrutarla.

La Semana Santa -nuestra Semana Santa- no puede ser menos. Quizás, tras dos años sin actividad en las calles, nos hemos olvidado de todas las trabas que nos ponemos en una ciudad autodenominada cofrade cuando le interesa y, por supuesto, de las que nos ponen organismos como el Ayuntamiento o la Agrupación de Cofradías, tan centrados en expandir la Semana Santa hacia otros públicos fuera de la provincia. La Semana Santa de los malagueños pero, a ser posible, sin los malagueños.

¿Hasta qué punto es Málaga una ciudad cofrade? O mejor dicho, ¿hasta qué punto quieren que Málaga sea una ciudad cofrade? La última traba es la no retirada de terrazas al paso de hermandades por el centro histórico de nuestra ciudad. Conocidas por todos son ya las reuniones entre la Agrupación de Cofradías y la Asociación de Hosteleros de Málaga (MAHOS), al igual que esta semana hemos conocido que no han servido para absolutamente nada. A tales niveles han llegado que el Ayuntamiento ha pedido en un Bando que las terrazas sean retiradas al paso de las hermandades, así como intentar que los establecimientos apaguen los luminosos.

MAHOS debe saber que gran parte del dinero que ganan sus hosteleros en Semana Santa es gracias a las procesiones y que no les conviene poner trabas a un acontecimiento que trae cientos de miles de personas a la ciudad. Resulta irónico, cuanto menos, que haya que decir esto; a Javier González de Lara se le llenó la boca pregonando su Semana Santa el pasado sábado en el Cervantes, cuando él es presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía y en la Junta de Gobierno de dicho organismo se encuentra Javier Frutos, quien, por casualidades del destino, es presidente de la MAHOS. Sin querer entrar a valorar el pregón de González de Lara, eché en falta la parte en la que su cofradía del Monte Calvario pasa por delante de cualquiera de los bares irlandeses del centro de la ciudad. ¿Esa es la Semana Santa que quiere el pregonero? Seguro que puede hablar con su compañero para solucionar todo esto de las terrazas.

El rumbo que toma la Agrupación de Cofradías y otros estamentos en relación a la Semana Santa está muy lejos de lo que pensamos todos. En unos tiempos en los que faltan cofrades, resulta inquietante ver cómo nuestra Semana Santa olvida su pasado, toma un color mucho más institucional y menos devocional. Da la sensación de que muchos sectores de nuestra ciudad van con la cruz en el pecho y con el diablo en los hechos, como diría el refrán. El peligro de esto ya sabemos cuál es y, como el malagueño medio sufre ahora, llegará un día en el que los cofrades seremos viudos de lo que un día fuimos y nos quitaron.