…Y al polvo volverás

“Polvo eres y al polvo volverás”. Un mantra que se repite en nuestra cabeza cada miércoles de ceniza. Un lema grabado a fuego lento, como si se tratara de una sentencia premonitoria de lo que nos queda por vivir.

Para el cofrade esta fecha tan señalada significa el arranque de los últimos 40 días antes de que Dios se eche a la calle montado en una borriquita. Aunque bien es cierto que algunos comenzamos a descontar fechas en el calendario mucho antes.

Durante poco más de un mes nuestra ciudad se irá transformando poco a poco para convertirse en un auténtico Vía Crucis urbano. La Casa Hermandad se irá llenando de vida, de trajín, de miedo por no llegar, de nervios, de trabajo, de impaciencia. Nuestras iglesias se engalanarán para rendir culto a Dios y a su Madre. Algunas verán crecer verdaderos altares de oro y plata en su interior. Las casas darán la bienvenida al olor a incienso y a torrija recién hecha. A túnicas recién planchadas y capirotes a estrenar. Larios verá crecer una nueva tribuna, más estreno que nunca, un nuevo recorrido oficial. Las panaderías y locales se llenarán de itinerarios con olor a nuevo y carteles de los de siempre.

Málaga vivirá una metamorfosis primaveral. Aunque por extraño que parezca, será más Málaga que nunca, más reconocible que en ningún otro momento del año.

Casi sin darnos cuenta nuestras imágenes se echarán a las calles en traslados, convertidos ya en auténticos desfiles procesionales. Desde el Cervantes se pregonará el sentir de una ciudad. Las aceras se inundarán de cera y, poco a poco, los balcones estrenarán palmas para un nuevo Domingo de Ramos.

Dios entrará a Málaga por calle Parras. Cientos de chiquillos estrenarán túnica e ilusión en la mañana de las mañanas. De San Juan saldrá una Niña vestida de Reina. Jesús sudará sangre en un Huerto a las orillas del Guadalmedina y será Prendido poco después allá por Capuchinos.

Será Lunes y lo azotarán en calle Frailes, lo coronarán de Espinas frente a la Alcazaba mientras su Madre del Amor Doloroso llora en los Mártires. Le colocarán una túnica blanca y andará Cautivo por San Pablo.

Llegará el Martes a San Lázaro y una Novia Coronada bendecirá con sones de Victoria a sus penitentes. Sentenciado a muerte en Santiago cargará con su Cruz en Nueva Málaga.

Un Miércoles lo clavarán al madero en San Juan. Sus hermanos Salesianos lo acompañarán en el Calvario mientras su Madre recibe consuelo en San Francisco. Habrá Amor en la Victoria, pero finalmente Dios expirará en San Pedro y la Sangre brotará de su costado en San Felipe.

Será Jueves y recordaremos su Sagrada Cena en Puerta Nueva. Muerto esperará ser bajado en Santo Domingo. Mientras, una Virgen sostendrá una Rosa bandida por Mármoles. Y al cofrade solo le quedará esperar en la Esperanza de su Madre.

Llegará el Viernes y las esquinas se vestirán de luto. Lo bajarán de la Cruz en un Noble Hospital y lo pondrán en manos de su Madre en el Molinillo. Trasladado por las calles de la Trinidad, lo acabarán Sepultando en el Císter.

Pero un Domingo, solo siete días después, Dios Resucitará en San Julián y todo se habrá consumado. Todo habrá acabado, la cera se irá retirando, el olor a incienso se irá disipando, las túnicas volverán a los armarios y la ciudad regresará a su rutina habitual

Y entonces, como si se tratara de un mantra, se repetirá en nuestra cabeza un lema grabado a fuego lento: “Polvo eres y al polvo volverás”.