Unas anteojeras para mi burro

Mis primeros recuerdos de cuando iba de pequeño al centro son los carros de caballo andando por el Paseo del Parque. Cuando los veía parados, los veía en sus monturas y siempre me llamaba la atención lo que con la edad descubrí que eran las anteojeras, esas piezas que se colocan en caballos o burros para que pierdan la visión periférica y sólo puedan mirar hacia delante. Escribiendo estas líneas, se pasa por mi cabeza que también hay humanos con anteojeras, personas que son incapaces de ver más allá de lo que tienen delante y que, a diferencia de los caballos, están a gusto con ellas y defienden hasta la muerte lo que tienen en frente, lo único que pueden ver y lo que consideran como propio. Etiquetando que es gerundio y siguiendo la nueva moda de politizar las cosas, se podría decir que son chovinistas con anteojeras. 

A menos de un mes para el Via Crucis Extraordinario por el Centenario de la Agrupación de Cofradías, y con la mayoría de acompañamientos musicales anunciados, Twitter y el panorama cofrade están repletos de estos chovinistas con anteojeras. El 5 de marzo, Dios mediante, acompañarán musicalmente a imágenes de nuestra Semana Santa bandas de fuera como la Centuria Romana Macarena, Presentación al Pueblo de Dos Hermanas o la Banda del Maestro Tejera. Lo que para cualquier cofrade malagueño y andaluz debería ser una gran noticia y un honor que bandas de fuera se interesen por nuestra Semana Santa y quieran poner su música a nuestras imágenes, para algunos – afortunadamente, no todos- ha sido una mala noticia. En un evento histórico, las cofradías han optado por traer lo mejor para sus imágenes, adecuando la elección al estilo que persiguen. Por mucho que digan los abanderados del malagueñismo, hay que asumir que en Málaga no hay más de cuatro bandas, cada una dentro de sus géneros, que son top10 de Andalucía.

¿Cómo interpretamos esto? Con una antítesis muy simple: en Málaga faltan músicos o sobran bandas. Y precisamente la pandemia está evidenciándolo. Son tiempos difíciles para aquellas formaciones que no son punteras y en las que la pandemia ha pasado factura. Son bandas con 50-60 componentes, la mayoría jóvenes, a los cuáles es difícil mantenerles la ilusión tras dos años de inactividad y aquellos que sí lo han conseguido siempre terminan en bandas punteras. Un círculo vicioso que nos lleva a la antítesis del principio: en la música cofrade malagueña postpandemia faltan músicos o sobran bandas. Como los músicos no salen de los árboles, desgraciadamente seguiremos viendo desaparecer a las bandas.

A raíz de esto último surge el debate que muchos de nuestros humanos con anteojeras comentaban cuando salían los anuncios de las bandas de fuera. «Estáis dejando desaparecer a las bandas malagueñas» o «traéis bandas de fuera dejando de lado a lo de aquí» es lo que más se leía en Twitter. Las hermandades son las últimas culpables de que las bandas desaparezcan o no firmen contratos. Como hermandad, tú firmas lo mejor que haya disponible en ese momento y si lo mejor no está en Málaga, habrá que buscarlo fuera. Y no por ello hay que criticar a la hermandad que tome esa decisión, sino pararnos a pensar en por qué tenemos que ir a buscar bandas fuera, por qué aquí no hay un estilo Presentación al Pueblo o Maestro Tejera o por qué, en definitiva, en Málaga hay tan pocos músicos como para tener suficientes bandas de calidad sin necesidad de buscarlas fuera.

En Málaga tenemos bandas muy buenas, formaciones que podrían tener contratos en todos los días de cualquier provincia andaluza, pero, por el momento, no hay para todos. No es de ser menos malagueño alegrarte porque bandas de fuera vengan a poner su música a nuestra ciudad, ni preferir estas opciones a otras que sí sean de nuestra ciudad, pero que tienen mucho menos calidad. Tenemos a Virgen de los Reyes en la Magna como el mejor ejemplo de que lo de fuera se puede compenetrar a la perfección con lo nuestro, que debemos dejar las anteojeras y enriquecernos de lo que nos rodea, que tenemos que dejar de ser chovinistas a la malagueña y dejar de pensar que lo nuestro, únicamente por ser nuestro, es lo mejor.