Sabed que vendrá
Se cierran las puertas de San Julián. En el ambiente aún se puede respirar el aroma a incienso. Por el horizonte se pierden los acordes de la última marcha y uno, medio resignado medio satisfecho, se da la vuelta para emprender el regreso definitivo a casa. Toca descansar, reflexionar y rememorar lo vivido. Lo que no sabíamos en ese momento es que esta vez la reflexión iba a ser más larga de lo prevista.
La crisis provocada por la Covid-19 obligó a cancelar las procesiones de Semana Santa. Y llegó el Domingo de Ramos. Y el Lunes Santo. Y el Martes… En el mejor de los casos, el cofrade ha acudido a las imágenes repuestas en televisión estos días o se ha refugiado en la cantidad de videos recuperados a través de las diferentes redes sociales. En el peor, la decisión se ha inclinado por intentar evitar cualquier tipo de contenido externo y, como mucho, consolarse con los recuerdos que nuestra cabeza no puede evitar recuperar en estas jornadas tan señaladas.
Debo confesar que quien escribe se encuentra en el primer grupo de privilegiados. Desde la distancia y a través de internet, no quedaba otra alternativa. Y así, a más de 500 kilómetros de su casa, el Domingo de Ramos amaneció en la Parroquia del Buen Pastor para escuchar misa lo más cerca posible de su Málaga natal.
La mañana continuó en calle Parras y el día acabó por perderse entre las calles de esa ciudad que, en la jornada de las palmas, tiene esa luz que no tiene ninguna. Acostumbrado a patearse las calles con una cámara colgada del cuello; la sensación era extraña pero, en cierta manera, reconfortante. Y entre recuerdos que mi memoria se empeñaba en rescatar, acabó por imponerse la imagen de Jesús a su Entrada en Jerusalén dando la curva para incorporarse a la Alameda Principal, al Recorrido Oficial antiguo, al de siempre, al nuestro. De fondo suena una marcha con inspiración de Bob Dylan y ejecución de López Escalante: «Sabed que Vendrá». Qué mensaje tan bello nos deja ese Dios que bendice en la mañana del Domingo de Ramos.
Vendrá. El telón ya se ha cerrado. Queda superada la Semana Santa de 2020 y la realidad nos golpea de manera definitiva. Habrá que esperar un año más para que el incienso inunde nuestras calles y las esquinas se vuelvan a encoger al paso de nuestros tronos. Pero vendrá.
Entre tanto los cofrades intentamos discernir sobre la conveniencia de magnas, extraordinarias o procesiones de alabanza. No toca. Ahora hay que demostrar la madera de la que están hechos los buenos cofrades. Hay que arrimar el hombro, portar una vela o hacer sonar el tambor. Cada uno desde nuestras casas y Dios en la de todos.
En el conocimiento de que Vendrá. Que volverán a abrirse las puertas de San Julián y Jesús Resucitado volverá a vencer a la muerte. Como hizo hace más de dos mil años, como hace cada Domingo de Resurrección en las calles de Málaga. Que volveremos a sentir el tacto de las túnicas, el peso del varal sobre nuestros hombros, los acordes de esa marcha en nuestros oídos, el sabor de las torrijas y el olor a incienso y romero. Vendrá cofrades. Sabed que Vendrá.