Peces de Ciudad

Ya lo decía Sabina: desafiando el oleaje sin timón ni timonel. Así estamos. Llegamos a una Cuaresma, quizá la más atípica para todos, montados en un barco sin capitán, que ha perdido el rumbo y que se va hundiendo poco a poco. Llevamos un año cofrade lleno de planes para la Semana Santa, comisiones, filtraciones y declaraciones que han servido para absolutamente nada. A cuarenta días del Domingo de Ramos, la única certeza que tenemos es que cada hermandad irá por libre y realizará lo que considere oportuno. Recapitulemos.

En septiembre de 2020 se celebra la famosa Cumbre en Antequera, a la que asistieron los presidentes de las diferentes agrupaciones andaluzas con el objetivo de unificar criterios y explorar todas las alternativas posibles que puedan surgir de cara a la celebración de la Semana Santa. Recuerdo bien las conclusiones de aquella cumbre: la decisión de suspender procesiones será conjunta y se realizarán iniciativas y proyectos similares en las ocho provincias.

El 29 de diciembre de 2020, el Arzobispo Asenjo, en uno de sus últimos servicios, decreta la suspensión de las procesiones en Sevilla. Tras la ciudad hispalense, se fueron sucediendo el resto de capitales andaluzas. Málaga fue la última, qué sorpresa. Pasamos de “la decisión de suspensión será conjunta e iremos todos a una” al “nosotros somos los únicos que esperamos a la reunión con la Junta porque la situación aún es incierta”.

En cuanto a las posibles alternativas a procesiones en la calle, seguimos sin iniciativas o proyectos desde San Julián. En Sevilla, además de culto interno, se realizará la exposición “In Nomine Dei”; mientras que en otras provincias andaluzas hay diversos proyectos realizados por los Consejos y Agrupaciones. Aquí, a cuarenta días, no parece haber ningún tipo de plan por parte de la Agrupación. Cada hermandad por su cuenta. Unas optarán por el culto interno en los templos, otras montarán los tronos en las Casas de Hermandad.

La Agrupación debe intervenir en lo que es una situación bastante delicada. En el último año se nos ha llenado la boca con planes, exposiciones, proyectos… para llegar a un Miércoles de Ceniza sin absolutamente nada sobre la mesa. Son muchas las preguntas sin respuesta. ¿Qué ocurrirá con los aforos de las Iglesias que tienen más de una Hermandad en su interior? ¿Podrán todos los hermanos visitar a sus titulares? ¿Qué ocurrirá con las bandas? La Agrupación debe volver a ser protagonista, abandonar el segundo plano equidistante en el que se encuentra para evitar el desgaste en su más que erosionada imagen institucional, ofrecer alternativas y ayudar las hermandades. La situación, en algunas de ellas, es bastante delicada ya.

Joaquín Sabina, cofrade ubetense, describe perfectamente el futuro a corto plazo de la Agrupación de Cofradías en su canción. No hay timón ni timonel. Sin procesiones, tampoco habrá nueva restauración de la verja de la Catedral y, claro, con la Agrupación -parafraseando al cantautor- no hay más ley que la ley del tesoro en las minas del rey Salomón. Urge intervenir. Encontrar el timón y poner a su mando al timonel correcto, volver a ser peces de ciudad y dejar de ser pirañas de ciudad.