Los últimos quieren ser los primeros

Hace no tanto era un privilegio histórico pasar por Tribuna Oficial la última. Ahora parece un castigo. Ya sea en día laborable por el horario de trabajo, ya sea en festivo por el ambiente intoxicado que dejan las discotecas del centro: las cofradías ya no se sienten cómodas en la madrugada.

Las puertas de la tarde las derribó el Rocío cuando pasó de colofón a telonera del Martes Santo. Una decisión que despertó de todo, menos ganas de levantarse de la siesta. Diez años después la Cruz Verde sigue sin apenas público a las cuatro de la tarde. Al cortejo le ha sentado divinamente el cambio, pero al público le ha costado algo más. Al final, con el tiempo, se ha aceptado cambiar Carretería por Echegaray. La calle de las calles. Tradiciones que cuelgan el cartel de ‘se vende’, otras que piden la venia para quedarse.

Con sus pros y sus contras, se colocó la semilla de un nuevo modelo. El actual recorrido oficial también ha puesto de su parte. En este nuevo arco de horas en el que se desenvuelve la Semana Santa, el prime time de la Tribuna se ha separado de la medianoche. Tanto es así que el Prendimiento entra ya en la plaza de la Constitución al atardecer. Inaudito. Antes de las diez se podía escuchar a los operarios cerrando las sillas de Marqués de Larios.

Los últimos quieren ser ahora los primeros. Tal es la carrera por quitarle horas a la noche que a San Julián llegó no hace demasiado una cofradía que planteaba como requisito indispensable pasar por la Alameda a las ocho de la tarde. Así las cosas. Ni salir temprano, ni encerrarse tarde. Las reuniones de horarios e itinerarios terminarán por convertirse en un pulso por colocarse en la mitad del día. ¿Dónde queda la identidad de cada cofradía si todas pelean por acabar siendo la misma?

Málaga parece haber olvidado entre tanto la noche. Cuesta demasiado encontrar un palio de vuelta pasadas las doce. Es entre los callejones del Perchel o bajo los árboles que cobijan la plaza de Capuchinos donde el público cofrade se reconoce y se saluda. Alejados en tiempo y espacio del bullicio de un casco histórico colapsado por todos, otra atmósfera se crea alrededor de las hermandades. Las bullas desaparecen, las marchas rebotan entre balcones y las velas de los nazarenos alumbran el camino de regreso a casa. La luz en la noche. Que no se apague.