In pulverem reverteris

Pulsera de un nazareno de la Sangre | Arturo Higueras

La primera columna de opinión de esta web, escrita hace ya siete años, llevaba el mismo título que la que el lector tiene frente a sus ojos ahora: «… y al polvo volverás». Siete Cuaresmas más tarde, con sus siete primaveras, no somos los mismos. Ni quien escribe, ni quien lee. Entre medias ha pasado el suficiente tiempo para que incluso el título de este artículo haya mutado de español a latín. El mundo cofrade ha vivido tantos cambios, pandemia mediante y explosión en redes incluida, que uno empieza a ser consciente de que esta aventura iniciada en 2019 comienza a estar mucho más cerca del final que del principio.

La Cuaresma, y el Miércoles de Ceniza en especial, sirve como un punto de inflexión para el cofrade. Este tiempo invita al católico a una reflexión interna profunda, a reevaluar de qué manera afronta uno de los hitos claves en la vida de un cristiano. Cristo va a morir en la cruz en cuarenta noches, en esos cuarenta días Málaga vivirá una metamorfosis profunda que la hará irreconocible.

En esta ciudad que parece haber perdido por completo su identidad; llena torres inconclusas, pisos turísticos y maletas, cuarenta días la reconectan con su ser más profundo. La llenan de vida, de sabores y olores, de túnicas a medio planchar y capirotes nuevos. Habrá ruido en las calles de nuevo, se recuperará el acento olvidado y el bullicio en esas casas que llevan el apellido que da sentido a todo: hermandad. Nuestras iglesias verán levantarse triduos y quinarios, se llenarán los bares y volverán los viernes de croquetas y bacalao. Málaga, los malagueños, tomarán el centro y sus barrios en un grito desesperado para reclamar lo que por derecho le corresponde.

Mientras, veremos nacer una nueva primavera. Llegará esa luna de parasceve que marca la fecha de los tiempos. Volverá a florecer el azahar y se llenarán de nuevo los naranjos. Y en ese portal de calle Dos Aceras que hace años tuviste que dejar atrás, brotará una nueva ilusión. Un niño se probará unos guantes blancos por primera vez y descontará las noches, como si de pétalos se tratasen, hasta la llegada de una nueva mañana de palmas y hebreos. Alguien se tallará por primera vez en Alcazabilla, se afinará una nueva corneta y se planchará un nuevo traje en El Perchel y allí arriba, en la Trinidad, habrá quien incluso estrene cargo. Todo cobrará sentido en esa bola de aluminio que habrá de convertirse, en un giro inesperado de los acontecimientos, en la protagonista de esas noches que ojalá fueran eternas.

Pero «recuerda hombre, que polvo eres y al polvo volverásmemento homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris«.

De la misma manera que todo tiene un comienzo, inevitablemente tiene un final. Todo acabará, alguien meterá hombro en un varal por última vez e incluso descontará la última primavera en el calendario de su vida. Esa ceniza que hoy marcará nuestra frente nos recuerda precisamente eso: habremos de volver al polvo. Habrá una primera luna de primavera que se convierta en la última. Por eso vive con la intensidad de un niño que solo quiere hacerse mayor, la vida de un adulto que anhela la ilusión recién estrenada de un niño. Que se habrá el telón de la historia que marcó para siempre a la humanidad y que da sentido a nuestra tierra. «In pulverem reverteris», pero hasta entonces que arda la llama de esta Andalucía mariana.