Estefanía Recio: «Los artistas tenemos que saber poner precio a nuestro trabajo»
Con la llegada de una nueva Cuaresma, retomamos el ciclo de entrevistas de El Itinerario. En este primer domingo de la espera hemos tenido la oportunidad de hablar con Estefanía Recio, artista de la ciudad y una de las dibujantes con más tirón en el mundo de las redes sociales.
Entre sus últimas obras podemos destacar el cartel del Jueves Santo 2026 de la Misericordia o el de la salida de Santa María de la Victoria el pasado septiembre, además de su colaboración continua con sus hermandades: la Humildad y el Rescate.
Empezando por lo último, ¿cómo ha sido el desarrollo del cartel de la Misericordia?
«En octubre me llamó Pablo Cortés del Pueblo que le había propuesto a la hermandad hablar conmigo para el cartel de este año. Así fue como me puse en contacto con ellos y me lo propusieron. Yo no tengo mucha experiencia con carteles pero ya está, todo lo que yo me vea capaz, adelante.»
¿Cómo es para ti entonces el desafío de hacer carteles?
«Sales de la zona de comfort. Mi mayor volumen de trabajo es de particulares que lo que te encargan es lo que ven por redes sociales, eso siempre es un abanico de lo que ya dominas. El desafío de los carteles para mí no es tanto el formato, que es más grande de lo habitual, sino darle vueltas a la idea, que es lo que puede gustar. Hace tiempo tomé una decisión y es que principalmente, dentro de las directrices del encargo claro, quien tiene que estar contenta con el trabajo soy yo. Si yo no soy contenta con mi trabajo ,no lo puedo defender; yo no voy buscando que le guste a los demás.»

Hablando de esa exposición continua a la que estáis sometidos todos los artistas en redes, ¿cómo te afecta eso?
«A mi eso me da mucha vergüenza. Parte de mi trabajo es que hay muchos actos y presentaciones, pero a mí personalmente no me gusta. Yo hago mi trabajo, lo entrego y está el cliente contento. Ahí termina. El escuchar las críticas, aunque sean buenas, me da mucha vergüenza. De todas maneras, busco quedar contenta yo con mi trabajo. Si no, si alguien te hace una mala crítica, te vienes abajo.»
¿Cómo ha sido tu evolución como artista?
«Yo empecé con tinta negra y los primeros dibujos fueron de iglesias y Casa de Hermandad. Luego la evolución ha venido sobre todo por aburrimiento mío. Si me tiro mucho tiempo haciendo lo mismo, me cansó. No es un crecimiento forzado, sino que me va apeteciendo probar cosas nuevas. Luego lo publico y ya tengo gente pidiéndomelo. Les tengo que decir muchas veces que todavía no porque no me veo preparada para venderlo.»
«Quiero seguir trabajando el tamaño grande. Los trípticos que estoy haciendo ahora son en tamaño A5/A6 con solo el rostro de la imagen, quizás empezar a desarrollar la talla completa. Sobre diseñar, ¿por qué no? Alguna cosilla he hecho ya que no he enseñado. Alguna cosa si la he mostrado, sobre todo inspirada en mis titulares, como una peana para mi Virgen de Gracia. Pero eso lleva un trabajo de investigación, tiene que tener un sentido y una estructura coherente con la línea de la hermandad. Como sueño cofrade, me gustaría mucho hacer el cartel de mis dos hermandades»
¿Ha sido el uso de las redes sociales clave para tu desarrollo como artista?
«Sin duda. Gracias a estar constantemente enseñando el trabajo. Algún compañero me ha dicho como puedes subir un dibujo al día. Desde primera hora esto me lo tomé como un negocio y yo no puedo esperar a que el trabajo venga. La gente se olvida, tienes que crear una necesidad de tu producto. Yo cojo muchos encargos por la web, pero por donde más pedidos me vienen a mi es por Instagram.»
¿Es posible vivir del arte cofrade más allá de los diseños y carteles para hermandades?
«Sí, lo que pasa que yo no solo vivo del arte cofrade. Yo tengo muchos encargos personalizados, la serie de toreros o de trajes militares. Además también creo que se puede vivir exclusivamente del arte para las cofradías, pero tengo que apuntar una cosa. Tú puedes tener un detalle con una hermandad o hacer una donación. Pero cuando se hace una petalada al florista se le paga, al de las velas se le paga y a la tintorería que limpia las túnicas también. Es verdad que poco a poco se va entendiendo que el artista vive de esto, tenemos que ir sabiendo poner precio a nuestro trabajo. Tú puedes hacer las donaciones que quieras, pero si conviertes en una constante ir regalando tu trabajo, llegará un momento en el que quieras vivir de eso y te encontrarás de frente a la otra persona diciéndote: «ah pero tu no regalabas todo». Te tienes que respetar a ti y a tu trabajo.»

Hablando ahora del mundo cofrade en general, tú que has pasado algún momento incómodo, ¿crees que cuando se toca el núcleo del mundo cofrade se sale desencantado?
«En las hermandades hay gente que se toma la intención de participar como una intromisión o una amenaza, no es mi intención ni lo ha sido nunca. Tiramos mucho del concepto de hermandad y tendemos a pensar que esa es nuestra casa. Luego cuando viene algún revés nos llevamos el desencanto. Aprendes con el tiempo y lo que quiero ahora es salir, disfrutar con mi mujer y con el Señor y con la gente que voy en el trono. Eso sí, cuando mis hermandades lo necesiten aquí me van a tener sin tener que pedírmelo dos veces.»
Dentro de esas polémicas en el mundo cofrade, ¿qué opinión te merece el papel que juegan las personas homosexuales dentro de las cofradías y el reconocimiento que tienen?
«Yo, que además estoy casada con una mujer, a mi me hubiera gustado casarme en mi iglesia con mis titulares y no podemos. Yo siempre he llevado mi condición de una forma muy normal. No sé si en algún momento me he encontrado dificultad no solo por el hecho de ser mujer sino por esto en concreto, yo no lo he percibido. No creo que haya que dar un reconocimiento a nadie por el hecho de ser homosexual o ser mujer, pero entiéndase, mariquitas ha habido siempre en la Iglesia. Es el que te pone las flores y el que te viste a la Virgen, para eso sí los reconocemos pero luego para otras cosas no.»
«Las personas homosexuales hemos decidido, a pesar de todas las dificultades, seguir creyendo. Yo creo en un Dios que es amor. Si el resto de la sociedad se diera cuenta de toda la gente así que hay en las hermandades, se echarían las manos a la cabeza. Pero todo esto va a cambiar, por ejemplo yo recibí una carta de felicitación de mi matrimonio por parte de la Humildad. La gente de las hermandades va creciendo también.»
Sobre otras cofradías que no son la tuya, ¿alguna en la que te fijes en especial?
«Para mí es un referente el Monte Calvario. Una hermandad que era como nueva y como está ahora. La matada que se pegan para los cultos en la Victoria. Como viste Guille Briales a las Vírgenes, sobre todo a Fe y Consuelo que es una barbaridad, está para salir sola. Recientemente el merchandising que están haciendo, que es súper importante. Eso es algo que hay que cuidar, como hace la Esperanza que saca camisetas y te las compra cualquiera, eso es dinero que entra. Son un ejemplo de hermandad.»

¿Cómo vive Estefanía Recio la Semana Santa?
«Yo siempre me cojo vacaciones el Viernes de Dolores. Hay una cosa que decía mucho un capataz nuestro y era que nos quedáramos con las vísperas. Desde entonces llega Semana Santa y es como que ya se ha acabado todo. Lo bonito es lo de ahora, los tallajes, los cultos, los ensayos y que ya va oliendo a cera y a incienso.»
Si tuvieras que quedarte con un momento de tu Semana Santa, ¿cuál sería?
«Me quedaría con varios. De la Humildad me quedo con la salida con Réquiem, se me ponen los pelos de punta. Con el encierro también con el Santuario apagado y solo se ve a la Virgen de la Victoria en el camarín. Cuando todo se acaba y el Hermano Mayor dice: «Servitas Blancos ya te puedes descapirotar que la Estación de Penitencia ha acabado». Del Rescate me quedaría con los momentos previos a la salida, ese momento con todos los tuyos. Es muy emocionante el hecho que hayamos vuelto todos a la cofradía. Otro momento, sin duda, la Tribuna de los Pobres. Es un momento tremendamente emocionante, más incluso que el Recorrido Oficial.»