El contador a cero

Detalle de un mosaico de María Stma. de la Esperanza | Arturo Higueras

Casi sin darnos cuenta, un año más, la Cuaresma se ha colado entre nosotros sin hacer demasiado ruido. Aún con la resaca de la cuesta de enero y con algún que otro turrón por acabar, nos encontramos en un nuevo Miércoles de Ceniza. La premura de la primera luna llena de primavera ha hecho que el invierno sea tan fugaz que a algunos el cambio les ha pillado con el pie cambiado. Pero eso no es excusa, hoy empezamos a descontar días.

Como todos los años, este primer miércoles suele servir para echar la vista atrás y pensar en todo lo que está por venir. La Cuaresma es ese período intenso en el que el cofrade se reencuentra consigo mismo. Estamos hechos para vivir este tiempo con intensidad, con tanta que a veces nos replanteamos si todo ello merece la pena.

Durante estos días, acudiremos en masa a las Casas Hermandad a recoger nuestras túnicas y tallarnos. Habrá muchos que dediquen horas y días de su tiempo a limpiar los enseres, organizar los cortejos y echar una mano allá donde haga falta. Los músicos de la ciudad ocuparán sus tardes con infinidad de ensayos, conciertos y horas de preparación en casa. Los artistas culminarán sus diseños, presentarán sus estrenos y rematarán las pinturas que anuncien lo que está por venir. Habrá ensayos, cultos, conferencias, tertulias y un sinfín de preparativos. Por haber, hasta algunos pocos intentaremos contribuir desde detrás de una pantalla o un ordenador a que todo esto sea mejor, más completo. Y todo eso cansa. Durante cuarenta días, el cofrade se desfonda, lo deja todo hasta tal punto que cuando llegue el Domingo de Ramos las baterías ya estarán a medio consumir. Y ¿para qué?, ¿está todo ese esfuerzo pagado?

La respuesta a esa pregunta nunca se encuentra en uno mismo. Hay que salir y encontrarla fuera. Reside en los ojos emocionados de esa señora que, para sus adentros, piensa que sí, que este año viene más guapa que nunca. Está en ese nudo en la garganta que produce el solo de una marcha. Radica en el aplauso que rompe el silencio de una mecida. Es esa maniobra que quedará grabada para siempre en la memoria colectiva. Cada persona que se emociona, que llora, que reza da sentido a todo el esfuerzo empleado. Todo quedará pagado.

Hoy es Miércoles de Ceniza y empieza una nueva Cuaresma. Hoy toca poner el contador a cero. Toca desfondarse y dejarlo todo para preparar lo mejor posible la semana más bella del año. Todo el esfuerzo tendrá sentido, tantas horas de trabajo y ensayo encontrarán su razón de ser. Disfrutemos, dejemos todo lo que tenemos y vivamos con intensidad la espera más intensa. Solo quedan cuarenta días.