Cuarenta

El número cuarenta guarda un notable simbolismo en las Sagradas Escrituras. El número cuatro, en la Biblia, simboliza el universo material. Las primeras referencias al cuarenta aparecen en el Antiguo Testamento. Es en Génesis 7,12 cuando Dios envía el diluvio: “Y cayó la lluvia sobre la tierra por cuarenta días y cuarenta noches”.

Otra alusión en los Sagrados Textos viene ligada a la figura de Moisés cuando guía durante cuarenta días al pueblo de Israel hasta la Tierra Prometida. Como recoge el Deuteronomio 9, 9-11, pasó cuarenta días y cuarenta noches en el monte Sinai antes de recibir las tablas con los Diez Mandamientos: “Cuando subí al monte para recibir las tablas de piedra (…) me quedé cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua. Y el Señor me dio las dos tablas (…) Y aconteció al cabo de cuarenta días y cuarenta noches, que el Señor me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto”.

El cuarenta también está presente en el Nuevo Testamento. “Cuando se cumplieron los días en que ellos debían purificarse, según manda la ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor” (Lucas 2, 22).

La Cuaresma conmemora precisamente los cuarenta días de ayuno de Jesús en el desierto antes de entrar en Jerusalén. En Mateo 4,2: “Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre”. Tras morir en la cruz, durante cuarenta días Jesús se fue presentando a sus discípulos, tal y como se recoge en Hechos 1,1-3: “Hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido, a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios”.

Para los cofrades el número cuarenta significa todo. Además de su carácter bíblico, el cuarenta se marca de manera especial en el calendario como el día en el que arranca la Cuaresma. Pone el fin de la espera, los últimos días antes de la gloria. El azahar victoriano y el romero perchelero. Lo significa todo.

En cuarenta días acabarán los signos de la sempiterna espera. Porque para el cofrade malagueño todo empieza en calle Parras, estrenando alguna prenda, con los nervios de un niño el día de Reyes y con el olor del incienso pollinico inundando sus pulmones. Cuando suenan los primeros toques de campana y se escucha el crujir del cajillo del trono del Señor, cuando se siente Amparado por la madre de Dios, es entonces cuando el cofrade malagueño entiende lo que realmente significa el número cuarenta. Su número cuarenta.