Crónica del recuerdo. Martes Santo 2020

Si tuviéramos que elegir un día de la semana en el que todo encajara, ese sería el Martes Santo. Uno siente que todo está en su sitio. No hay nervios por la espera, ni prisas por llegar. Todavía ni siquiera se intuye el final. Tanto si echas la vista atrás como si la levantas la mirada hacia adelante acabas en el mismo lugar. Es Semana Santa en Málaga.

Podríamos decir que el martes además está bien resuelto. Las seis cofradías se complementan, tienen su espacio y el espectador -si se organiza bien- puede disfrutar de ellas sin agobios. Incluso ver cada una un par de veces sino se entretiene mucho con la cena. Eso sí, tendrá que patearse la ciudad.

El Martes Santo es especial para los vecinos de la Victoria. Este año también lo será, aunque por sus calles no pase la Virgen del Rocío. Con la luz de media tarde, entre los árboles de la Cruz Verde y acompañada por un magnífico y numeroso cortejo de nazarenos, acudir al encuentro de la Novia de Málaga se ha convertido en una cita imprescindible. Sé que será difícil verla por las calles de su barrio en Pentecostés, pero confío en el que al menos podamos ir a visitarla pronto a San Lázaro. Será una buena señal.

Esta tarde me pregunto, ¿a qué sonaría este Martes Santo? Porque los marchas son de las pocas cosas a las que desde casa sí podemos subirle el volumen. Hoy se escucharía «Virgen de Gracia» en toda la calle Agua y a media tarde en el Oratorio la cruz guía de la Penas se pondría en marcha con «Cristo de la Agonía». Más tarde «Nuestro Padre Jesús» acompañaría a la Sentencia por Carretería y desde el Puente de la Aurora sonarían los acordes de «Estrella del Perchel». Ya de madrugada, a lo lejos desde la Plaza de la Victoria, las últimas notas de «Puerta del Cielo» se perderían en la oscuridad de la noche, mientras en la Trinidad todavía quedaría tiempo para que se interpretara una vez más «Virgen de Nueva Esperanza».

Lo rápido que se nos pasaba antes la semana, lo lenta que se nos haciendo ahora. De momento solo nos toca esperar, y en eso a los cofrades no nos gana nadie.