Crónica del recuerdo. Jueves Santo 2020
Mena no sale. El Cristo de la Buena Muerte no tendrá la opción siquiera de desafiar a la lluvia hoy. Esta vez la Congregación también se queda en casa y desde esta mañana ha puesto a disposición de los hermanos una ventana virtual en directo que te transporta a la capilla de Santo Domingo. Allí, como si el tiempo se detuviera, espera junto a la maravillosa Virgen de la Soledad el crucificado más popular de la ciudad. Sin desembarco por la mañana, sin procesión por la tarde me pregunto, ¿qué estará haciendo hoy toda esa gente que año tras año espera impaciente el desfile de la Legión?
Mientras tanto la Catedral es más que nunca el centro de la fe. El lugar donde todos, pegados al televisor desde nuestro hogar, podemos compartir los Santos Oficios. También las hermandades que pasarían ante el Monumento -Santa Cruz, Viñeros y Vera+Cruz- han querido sumarse y proponen desde sus redes sociales seguir las lecturas y las oraciones previstas en su estación de penitencia.
Es Jueves Santo, no solo en Málaga sino en toda Andalucía, y siempre ha sido este un día importante en nuestra tierra. Hablamos de una fiesta tan arraigada en el tiempo que cada pueblo tiene su forma de celebrarla. En Málaga quizás este sentimiento lo reflejen mejor que ninguna dos hermandades: la de Zamarrilla y la del Chiquito. Cada una desde su barrio nos convierten a todos por un día en pueblo.
Y en todo pueblo hay esta noche un Nazareno. De entre los que procesionan a lo largo de la semana, a mi cabeza viene el Nazareno del Paso llevando la cruz de madrugada camino del Perchel. Pienso. ¿No está el peso de esa cruz más repartido que entonces? Esta noche lo cargan con orgullo sanitarios, cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y profesionales de las actividades esenciales. Aunque sea Jueves Santo, a ellos les hemos dejado el encargo de meter el hombro por nosotros. Y sí, no hay espacio para tangaos en los tiempos que corren.
Y, por supuesto, ¡qué falta nos hace esta noche la Esperanza! Recuerdo las palabras de Félix Gutiérrez en su pregón: «Porque dicen que en una ciudad del sur, existen dos primaveras: una la que llega en marzo, la otra dura una vida entera. Una olores de jazmines trae, la otra a romero y pena. Una de ellas, pasajera; la otra, eterna y serena (…) Perchelera, marinera; cobijo de Málaga entera, desde siempre y para siempre. El infinito llega a su límite al tropezar con tu rostro, Señora. (…) Malagueño, tú siempre serás de la tuya y también de la Señora, la Virgen de la Esperanza«.